¿Cuántos tests al día hay que hacer en una oposición?
La pregunta tiene una respuesta corta y una respuesta útil. La corta: entre veinte y treinta preguntas diarias. La útil: el número importa mucho menos que lo que hagas con las que fallas.
La respuesta corta
Entre veinte y treinta preguntas al día, repartidas en dos o tres tandas cortas, es una carga sostenible para alguien que compagina la oposición con un trabajo. Son entre quince y veinticinco minutos, y aguanta meses sin quemarte, que es la única métrica que importa de verdad.
Hacer cien preguntas un domingo y ninguna el resto de la semana rinde bastante menos, aunque el total sea parecido. La memoria funciona con repetición espaciada, no con acumulación.
Por qué el número no es lo importante
El error más común de quien prepara una oposición es usar los tests para comprobar lo que ya sabe. Da sensación de productividad —el porcentaje de aciertos sube— pero no mueve la nota, porque el tiempo se está invirtiendo en las preguntas que ya acertabas.
Un test es un instrumento de diagnóstico, no un examen. Su valor está en las preguntas que fallas: te dicen dónde está el agujero mientras todavía hay tiempo de taparlo. Si terminas una sesión con un 95 % de aciertos y no anotas nada, esa sesión no ha servido para casi nada.
El circuito que sí funciona
Primero, tests cortos por bloque temático, de diez preguntas, justo después de leer el tema. Segundo, anotar cada fallo con la referencia del artículo en un cuaderno o una nota del móvil. Tercero, repasar solo esos fallos al día siguiente y a la semana siguiente.
Ese cuaderno de fallos es lo que se repasa la última semana antes del examen, no el temario. Cuando llevas tres meses, contiene exactamente tus puntos débiles y de nadie más.
En PlazaFija esto está integrado: la aplicación guarda las preguntas que fallas y monta tests solo con ellas, para que no tengas que llevar la cuenta a mano.
Cuándo subir el volumen
En el último mes antes del examen tiene sentido pasar de tests cortos a simulacros completos y cronometrados, cada dos o tres días. Ahí ya no estás aprendiendo temario: estás entrenando resistencia, gestión del tiempo y la decisión de dejar en blanco.
Llegar al examen sin haber hecho nunca un test completo con reloj es un error evitable. La fatiga de la hora y media final no se parece en nada a la de diez preguntas sueltas.
La rutina mínima que aguanta
Diez preguntas por la mañana, diez por la noche, seis días a la semana. Un día libre entero, sin culpa: es lo que hace sostenibles los otros seis.
Si un día no puedes, haz cinco preguntas en lugar de saltártelo. Mantener la cadena importa más que el volumen de cada eslabón, porque lo que abandona a la gente no es la dificultad del temario, es haber roto la costumbre tres días seguidos.
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